Se dice que la historia del baccarat se remonta a la Italia medieval. El origen del juego de cartas es debatido, pero la mayoría cree que fue creado en el siglo XV por un hombre llamado Felix Falguierein o Felix Falguiere. Él llamó al juego "baccara", que se traduce como "cero", ya que todos los dieces y las cartas con figura valían cero (más tarde se adoptaría la ortografía francesa "baccarat").
Esta versión original del baccarat no se jugaba de la misma manera que hoy en día. Las cartas eran repartidas por cuatro crupieres, cada jugador podía ser el banquero, y los jugadores podían hacer apuestas contra otros jugadores y contra la casa. En el juego actual hay un solo crupier, las apuestas generalmente se colocan contra la casa, y esta también ocupa el rol de banquero.
Desde Italia, el baccarat viajó a Francia, donde se conoció como Chemin de Fer, o "Chemmy". Al rey Carlos VIII y sus nobles les encantaba el juego, y Chemin de Fer siguió siendo un éxito entre la aristocracia francesa durante siglos.
El baccarat también se popularizó en Inglaterra, donde Ian Fleming aprendió a jugar antes de crear al jugador de baccarat más famoso del mundo: James Bond. Con el paso del tiempo, el baccarat llegó a América del Sur y al Caribe, donde, bajo el nombre de Punto Banco, se adaptó a la cultura local. Los cambios principales incluyeron que los jugadores solo apostaran contra la casa y que el rol de banquero fuera reservado exclusivamente para el casino. Este tipo de baccarat es lo que hoy conocemos como "Baccarat Americano".
A finales de la década de 1950, Tommy Renzoni llevó el juego al casino Sands en Las Vegas, y el resto, como decimos, es historia. Aunque el baccarat no haya tenido el mismo impacto en el público que juegos como la ruleta o el blackjack, aún disfruta de un aire de exclusividad y prestigio entre muchos jugadores de casino.